Lo primero de todo:
¡¡felicidades!! (atrasadas). Me debería dar tantos latigazos como años me acabe de cumplir usted (número muy religioso, muy propio para la entrada) señor
Txapulín porque no sólo vengo con las manos vacías sino que, encima, tarde. A ver si se me ocurre alguna manera de redimirme.
Y ya al tema: se me ha juntado
este artículo del tío Rinze con una
entrada que me ha encantado del señor Txapulín. No van de lo mismo, pero están relacionadas. Y aunque yo no podría expresarlo mejor (que lo documentado del primero, y que lo bien escrito en la experiencia personal del segundo), al final he acabado cayendo por aquí.

Prácticamente coincide con mi caso. Al final le voy a tener que dar la razón a esa amiga suya con esas ideas de vidas paralelas ;-)
Los curas y las monjas me enseñaron bien (unos mejor y otros un poco peor) y aunque tenía las mismas "historias de comer el coco" en realidad vi muy pocos casos de gente a la que le fueron a lavar el cerebro de verdad. En general, si no destacabas por un lado o el otro, se te dejaba en paz.
También me tragué chococientas misas jóvenes, y estuve en un centro juvenil (grupos, confirmación, blablabla). Mi "crisis" vino un poco más tarde, serían los 15 o 16, y en realidad tampoco fue una crisis religiosa: en la suya no lo fue por el modo, porque no fue crisis, y en la mía porque nunca creí de verdad. Supongo que todo aquello fue una de tantas cosas de querer ser lo que veías al lado,
"I want to believe", como Mulder. Veía a la gente tener fé en un dios y lo intentaba con todas mis fuerzas, incluso hubo un par de veces de esas que de tanto fingir casi lo acabas creyendo.
A cosa de uno o dos meses de la confirmación me retiré, para pequeño trauma de mi monitor de entonces, que lo debió ver como fallo personal suyo (nos cambiaron de monitora justo al final). Ya que para el bautismo nadie me pidió permiso, decidí que ya era hora de dejarme de numeritos que realmente no eran ciertos. Mucha gente me dijo que era más coherente que muchos que sí lo hicieron y tras ese día no volvieron a pisar una iglesia. En realidad yo, salvo misas de funeral o momentos turísticos, tampoco lo he vuelto hacer. En mi familia, religiosa de "esas como la suya" señor Txapu, de sí - pero no del todo cuando hay que mover el culo - pero sí, los que lo vieron como que iba en serio se llevaron la mano a la cabeza, y los demás todavía creen que en breve dios padre me mandará un hombre religioso que me llevará al buen camino y al altar, y con el que me confirmaré y casaré todo a la vez. Y yo pienso que haré como usted: si un buen día me caso, y él es religioso, lo haré por la iglesia por deferencia a sus creencias... y para de contar.
Ahora estoy en esa "etapa anarca". No sé si hay un Dios. No tengo pruebas para decir que sí, y yo soy muy física, muy santo Tomás. Pero tampoco consigo plantarme
"sé que no existe", no me sale esa certeza. Creo que hay muchas cosas que no conocemos, y que un Creador, de existir, podría ser una de esas... que no encajará con ninguna batallita humana pensada a medida para las necesidades propias, que será más una especie de ente que se aburría tres pueblos y se inventó el universo para sufrir y disfrutar a partes iguales y, sobre todo, para no estar solo.
Creo que la certeza del ateísmo no me sale porque sigo envidiando mucho a la gente que cree. No envidio las mentiras y burradas de muchas religiones (podría decir chococientas de la que más cercana he vivido, pero sería injusto para las otras xD) pero sí la fuerza que siente la gente que realmente cree. Puede ser basada en "leyendas" pero en muchos casos les funciona, como los placebos. Envidio la paz interior y la esperanza que les da a muchos de ellos.
Ejemplo típico: la muerte de mi padre. Al contrario de lo que mucha gente piensa (de los cercanos ya conocidos o que llegaron después) esto no me hizo creer ni más ni menos... no fue como en las pelis, no. Pero cuando yo le cerré los ojos a mi señor progenitor, y miraba a la mayoría de la gente que estaba allí, me di cuenta de que sí que estaban tristes, pero que tenían esa esperanza de volver a tener a esa persona en los 30, 40 o 50 años que les quedaran a ellos de vida. Eso es reconfortante. Yo sólo tenía un
"y se acabó lo que se daba". Es eso, naces, mueres, y entre medias vives como puedes, y esa vida puede ser realmente cojonuda. Pero cuando se acaba, se acaba. Punto.
Envidio MUCHO esa esperanza ante la muerte.
Echo de menos (¿cómo podría si nunca lo tuve?) ese paraguas y esa manta que es la fé para muchos.
También envidio (no me miren mal) la disciplina que dan ciertas religiones, bien seguidas (no en plan voy a misa el domingo de traje y luego puteo al vecino, que suele ser lo más común), sin entrar en fanatismos dramáticos pero sí quizás rozando esa línea... no por lo fanático, sino porque admiro a la gente capaz de vivir casi totalmente de acuerdo con lo que cree o piensa que cree.
Luego hay otras cosas que no envidio en absoluto, como el concepto de dios recompensador con el cielo o castigador con el infierno, o ciertas valoraciones del dolor y el sufrimiento, y el aguantar dale que dale. Ahí soy muy del
"cuando me muera yo quiero volver, no quiero arriba ni abajo" del señor Rodríguez.
En todo caso, creo que me debería leer yo también ese
"The God Delusion", ser más activista y menos agnóstica-pasodetodo, y empezar así, de paso, a saltarme las normas literarias que me autoimpuse para este año xD
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